24 de noviembre: ¡El Espíritu Santo es como el aire que respiras y que te mantiene vivo espiritualmente!



 Como la llama de una vela, tu cuerpo continuamente tiene que consumir oxígeno para seguir con vida. ¡Es una realidad de la vida natural que asimismo ilustra una importante verdad espiritual! Si quieres que esa lucecita tuya siga ardiendo para el Señor –como en la canción: “esta pequeña luz”–¡tiene que recibir en todo momento y sin interrupción el aire puro del Espíritu! ¡Constantemente tienes que estar inhalando el divino oxígeno del Espíritu Santo y pensando en el Señor!

             La palabra hebrea que se emplea en la Biblia para decir “espíritu” es “ruach”, que también significa aire o aliento; y en griego existe una palabra parecida que quiere decir lo mismo: “pneuma”. Es vital que respires siempre el aliento del Espíritu, sin cesar, porque si no, morirás espiritualmente, te apagarás espiritualmente, te sofocarás espiritualmente.

             Para mantenerse con vida no solo basta con comer; hace falta el aire para que haya combustión, para darte energía. De igual manera, ¡el alimento espiritual de la Palabra de Dios no es suficiente por sí solo !Es preciso tomar aire, el oxígeno del Espíritu, ¡para quemar dicho alimento con el fin de proporcionarte fuerza y energía espiritual! ¡Ni lo uno ni lo otro es suficiente por sí solo! ¡Hacen falta ambas cosas!

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