¡No tenemos por qué temer al Diablo ni a sus ángeles! ¡Jesús está con nosotros!

¡De la misma manera que el temor de Dios es el principio de la sabiduría y de la vida (Pro.9:10), el miedo a Satanás es en realidad el principio de la muerte! Temer a Dios es una manera de adorarlo. Es mostrarle el respeto que merece. Pero temer al Enemigo, temer a Satanás, temer al Diablo, es darle justamente el tipo de adoración que él quiere. ¡Es en realidad adorar al Diablo! ¡De modo que no lo hagas! ¡Ni por un instante!

 

¡A los poderes de Satanás no hay que temerlos y mucho menos adorarlos, sino resistirlos, rechazarlos, exorcizarlos, eliminarlos y reprenderlos, alejarlos y expulsarlos! ¡Tienes que luchar contra el temor igual que lo haces contra el Diablo! ¡Resístelo con tu fe y la Palabra de Dios! «No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2Tim.1:7). ¡Pon tu fe en Dios y témelo a El, y todos los otros temores desaparecerán!

 

 

«Si del infierno una legión quisiera aniquilarnos, ¡no temeremos porque en Dios y en Su verdad triunfamos! ¡El príncipe del mal no nos hará temblar! Luchemos sin cuartel ¡que pronto va a caer: una palabra basta!» ¡Y la palabra es JESÚS! ¡El Amo de todo!

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