22 de noviembre: ¡Aprecia tu derecho de nacimiento!

 Si el principal objetivo de tu existencia hubiera sido salvarte, al momento mismo de hacerlo tu existencia debería haber concluido y mejor te hubiera sido morir e irte al Cielo con el Señor! Pero entonces, ¿por qué permitió el Señor que siguieras viviendo? ¡Para salvar a otras personas!

Créase o no, cada cual tiene su propio ministerio individual, algo que nadie más puede hacer. Nadie puede ocupar tu lugar a menos que falles –como les ocurrió a unos pocos–entonces alguien sí te podrá arrebatar tu corona. Esaú menospreció su primogenitura, la vendió por un plato de lentejas –algo que en aquel momento parecía ser mucho más importante–y perdió su lugar, el puesto de mayor importancia. Y en el caso de él, ¡jamás lo recobró! Por mucho que se arrepintió y lo procuró con lágrimas, ¡ya era tarde! ¡Lo perdió para siempre!

¡No hay posición más elevada que ser hijo de Dios ni honor más grande que poder servirle! ¡Servir a Dios es un derecho de nacimiento! Nuestro nacimiento consiste en haber renacido dentro del Reino de Dios como hijo o hija de Dios, y es nuestro derecho de nacimiento el ocupar un lugar de servicio! Por eso, “¡Retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona!” (Ap.3:11) ¿Amén?

 

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