6 de noviembre: ¡Donde sea que estemos, resplandecemos!

Es mucho lo que podemos hacer en cuanto a testificación simplemente mediante nuestro espíritu. ¡Nuestra personalidad es Jesús! ¡Su Espíritu brilla a través nuestro! ¡La gente lo ve en nosotros!

Se puede percibir que ciertas personas tienen al Señor por la luz de sus rostros, ¡pero en otros sólo se ve oscuridad! Como en el caso de la anécdota verídica y muy conocida del hombre de Dios y el ateo que hablaban de Dios. El ateo, naturalmente, se mofaba, y burlonamente dijo: “Si hay Dios, debería haber alguna prueba de Su existencia. Tendría que haber alguna diferencia entre nosotros que la gente pudiera apreciar”. Y agregó con sarcasmo: “Si es cierto que usted tiene a Dios y yo no, ese mendigo debería ser capaz de reconocerlo con solo mirarnos. Veamos a quién de los dos le pide limosna”. Se acercaron, pues, al mendigo, y este, ignorando al ateo que era quien pasaba de su lado, por delante de él extendió su mano al otro hombre y exclamó: “¡Señor; usted, que tiene a Dios en la cara; por favor, ayúdeme!” ¡Es inevitable que la gente vea al Señor en nosotros!

¡Es algo que no se puede ocultar! ¡Es imposible ocultar al Señor y el Espíritu! ¡Somos la vela del Señor! ¡Y El nos ha puesto en un candelero para que se nos vea! ¡Por eso, “así alumbre vuestra luz”! (Mat. 5:16)

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