8 de noviembre: ¡El sufrimiento te enternece o te amarga, te humilla o te endurece, un extremo o el otro!

 

Todo el mundo pasa pruebas y tentaciones, trances y tribulaciones; ¡la diferencia está en cómo reacciona uno ante ellas! Los que resisten hasta el final, sufrirán sin duda un final amargo; en cambio los que a través de penalidades, pruebas y tribulaciones se arrepienten, retornan, cambian y buscan el perdón, ¡aún se salvarán!

La pregunta que hace la mayoría de la gente es “¿Cómo puedeDios hacerme a  semejante cosa?” ¡No se dan cuenta de que el Diablo es el que siempre está por ahí listo a disparar esas preguntas con la intención de hacerles dudar del Señor e incluso criticarle y tratar de justificarse delante de Dios! Se sienten casi ofendidos con Dios por lo que El deja que suceda. ¡Hasta guardan rencor por ello, como le ocurrió a Job al principio!

No obstante, el sufrimiento muchas veces hace que la gente acuda a Dios y los inspira a implorar Su perdón, a arrepentirse y a pedirle que los salve. Caen en cuenta de que Dios los está corrigiendo y preguntan: “Señor, ¿por qué me merezco este castigo? ¿Por qué me hacía falta?”

Del desierto de la soledad y la desesperación brotaron las palabras de Agar: “¡Oh Dios, Tú me ves!” Con un corazón sufrido y puesto a prueba exclamó Job: “Yo sé que mi Redentor vive”. De un corazón contrito y humillado se oyó brotar la voz de David: “Lávame y seré más blanco que la nieve”.

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