Nuevo comienzo, perdón, curación del alma.

 

EJEMPLO DE PERDÓN
Un pastor evangélico iraní convirtió al guardián que lo había torturado. Roubik Hoospian dormía en la celda donde pasó 28 días incomunicado, exhausto después de horas de interrogatorios, cuando el vigilante llamó a su puerta, informa el diario Los Angeles Times.
-Hábleme de Jesús -le suplicó el guardián en la madrugada.
Hoospian, cansado y resentido por el trato que le daban y por estar separado de su familia, no quiso hacer caso al vigilante. Pero este insistió:
-Tiene el deber de hablarme de Él. Usted es pastor.
Hoospian contó a Los Angeles Times que cuatro horas más tarde los dos lloraban mientras el guardia abrazaba la fe cristiana.
El predicador, que tiene 42 años y actualmente vive en California, confiesa:
«Lloré con él, porque me había dejado dominar por el odio a tal extremo que no quería transmitir al guardián la Palabra del Señor. Aquella noche Dios me libró del resentimiento y me hizo ver que podemos amar incluso a los que nos persiguen.»
Religion Today

 

El amor deja morir al pasado. Motiva a empezar de nuevo sin preocuparse por el ayer. No tiene que aclarar ningún malentendido. Los detalles se vuelven intrascendentes, y lo único que importa es empezar de nuevo. Da igual que queden cuentas sin saldar y diferencias por resolver, no cuadren las cuentas o no se lleguen a aclarar los desacuerdos en la memoria de unos y otros. El pasado se pone borroso y solo importa el futuro. El poder del amor no convierte en historiadores quisquillosos. Prefiere tejer con los cabos sueltos del pasado -sean aciertos o errores- lazos de perdón e impulsa a comenzar otra vez.
Lewis B. Smedes

 

PARA QUE DESAPAREZCA EL DOLOR
David, que cumple una condena de veintiún años por asesinato, contó a un reportero de la revista Life: «Un día desperté con la sensación de que había quedado marcado para siempre por lo que había hecho. […] Iba en aumento la sensación de horror, de repugnancia, de vergüenza.
»En la cárcel consulté a un sacerdote. Me dio una Biblia. Leyéndola me consolé un poco. En un principio, aquel consuelo no se debió al convencimiento de que Dios perdona, sino a la certeza de que Él estaba presente.
»Aquella sensación me daba a entender que existía un Ser Superior al que había ofendido, Alguien que se interesaba por mí tanto como para sentir vergüenza en mi lugar. El sentimiento de culpabilidad me llevó a creer.
»Lo que más me impresiona ahora es Su misericordia; que no se escandaliza por nada que yo hubiera hecho. El Dios que conozco es un Dios que sabe, y sin embargo perdona.»
Our Daily Bread (clase radiofónica de la Biblia)

Hay quienes se enojan con Dios porque creen que está enfadado con ellos. Que jamás les perdonará lo que han hecho, que su pecado es demasiado grande, que para ellos no puede haber perdón.
Pero podemos darnos cuenta de que Él entiende lo que nos avergüenza y se conduele de nuestros fracasos. No resta importancia a la enormidad de nuestras faltas, y aun conociéndolas bien, lo perdona todo. El enojo da lugar a la alegría cuando nos arrojamos agradecidos a los brazos del Señor. No hay sensación más liberadora que la de estar totalmente perdonado. La ira se desvanece y queda la paz interior.
Chloe West

 

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