El cuento de los tres cerditos comienza cuando estos parten de su hogar en busca de fortuna. El primero construye una casa de paja, pero un lobo la derriba a punta de soplidos. El segundo edifica una casa de ramas, con las mismas consecuencias. El intercambio de palabras entre el lobo y los cerditos es bien conocido:

—Cerdito, ¡ábreme la puerta!

—No, no, no; no te voy a abrir.

—Pues si no me abres, ¡soplaré y soplaré y la casita derribaré!1

El tercer cerdito construye una casa de ladrillos. Por más que sopla y resopla, el lobo no logra derribarla. Trata de engañar al cerdito para que salga, pero cada vez el chanchito lo supera en ingenio.

En Mateo 7:24–27 Jesús dice: «Todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y esta se derrumbó, y grande fue su ruina»2.

La palabra azotar que aparece en el versículo 25 proviene del griego prospipto, que significa «golpear en contra». Es un verbo potente, que en el contexto del versículo se emplea para describir el impacto de un enorme aluvión contra la casa edificada sobre la roca, la cual, a pesar de todo, permanece firme. En cambio, en el versículo 27 el mismo verbo azotar proviene del vocablo griego proskopto, que tiene mucha menos fuerza y que en el contexto describe un golpe más débil producido por una cantidad menor de agua, como por ejemplo la de un arroyo, contra la casa edificada sobre la arena, la cual, a pesar de ello, se derrumba.

Es decir que si tu vida está anclada y cimentada en Cristo, tu casa será capaz de soportar las mayores dificultades y adversidades que puedan sobrevenirte. Podrás capear el temporal porque Jesús será tu roca. Él te dará estabilidad y te sostendrá. En cambio una casa o una vida que no está cimentada en Jesús y Su Palabra, que descansa sobre una base débil, como la arena, se puede venir abajo ante la menor dificultad.

John Piper dice: «El cristianismo no es un juego; no es una terapia. Todas sus doctrinas emanan de lo que Dios es y lo que ha hecho a lo largo de la Historia. Corresponden a hechos indiscutibles. El cristianismo es más que una serie de hechos concretos, pero no menos. Hay fe, esperanza y amor; pero estas virtudes no salen de la nada, sino que crecen como grandes cedros plantados en la roca de la verdad de Dios. Permanecerán los que hayan edificado su casa sobre la roca de la gran verdad objetiva, con Jesucristo como origen, centro y finalidad de todo»3.

Adoniram Judson, que vivió de 1788 a 1850, nos dio un ejemplo admirable de lo que es edificar uno su casa sobre una roca. Fue un misionero estadounidense que sirvió a Dios en Birmania durante 40 años. Su vida, sin embargo, no tuvo nada de glorioso. Contaba apenas 25 años cuando se trasladó con su esposa a ese país. Los primeros años se sintieron muy solos y sufrieron de mala salud. Les tomó seis años conseguir el primer converso. Por si fuera poco, Adoniram estuvo dos años preso. ¡Tremenda tormenta la que embistió contra su casa! Poco después de su salida de la cárcel, fallecieron su esposa y su hijita de pocos meses. Por lo visto, Adoniram no paraba de recibir los embates de vientos y lluvias inclementes. Su vida estuvo jalonada de dificultades y experiencias desgarradoras. Pero a pesar de todo, su casapermaneció en pie.

No me extrañaría que en algún momento él pensara que su casa se había venido abajo. Hubo ocasiones en las que se sintió derrotado y destruido. Pero la historia demuestra que no fue destrozado y que su labor y esfuerzos de toda una vida valieron la pena. Prueba de ello es que cuando llegó a Birmania se fijó la meta de traducir la Biblia al birmano y fundar una iglesia de 100 personas. Al morir dejó la Biblia traducida al birmano, 100 iglesias y más de 8.000 creyentes.

A mí francamente me admira que Adoniram siguiera adelante a pesar de haber sido azotado y golpeado por tantas tormentas de la vida. Entonces me doy cuenta de que no se debió tanto a Adoniram mismo, a su fortaleza interior, su extraordinaria fuerza de voluntad o su coraje; tuvo que ver más bien con la fuerza en la que se apoyaba, la Roca sobre la cual estaba edificada su vida. Adoniram hizo frente a vientos y tempestades que habrían podido acabar con él; mas se mantuvo firme porque estaba cimentado en Jesús.

Por eso, la cuestión es: ¿Sobre qué base estás edificando tú tu casa? Y cuando lleguen —porque llegarán— las tormentas de la vida, ¿permanecerá en pie?4

1. Los tres cerditos, fábula del siglo XIX
2. NVI
3. Pecados espectaculares, y su propósito global en la gloria de Cristo, CLC – Colombia, 2014
4. Este artículo es una adaptación de un podcast publicado en Just1Thing, portal cristiano destinado a la formación de la juventud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *