22 de julio: La única diferencia entre nosotros y los llamados «impíos» es que somos pecadores salvados por haber creído, por haber aceptado a Cristo.

Seamos sinceros: toda la humanidad es maligna y pecadora. «Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios» (Rom.3:23). Todos somos pecadores. Pero Dios no está enfadado con los pecadores porque quebranten las normas, ¡pues sabe que un pecador es un pecador y no puede cumplirlas! De modo que la gran condenación no es que seamos pecadores, lo cual Dios puede perdonar, y en efecto lo hace, si aceptamos Su perdón por medio de Jesucristo. «¡Pero ésta es la condenación: que la Luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, porque sus obras eran malas!» (Jn.3:19)

El único «pecado imperdonable» es no creer en Jesús, es decir, rechazarlo como tu Salvador. Dios está dispuesto a perdonarte cualquier pecado, menos que rechaces a Jesús. Porque tal cosa es una blasfemia contra el Espíritu Santo, contra el Espíritu de Verdad, ¡que es el Espíritu de Jesús! (Mar.3:28,29)

¡De manera que perteneces a Jesús, o no le perteneces! ¡Esa es la única distinción que hace Dios! ¡Lo único que Él ve es la sangre de Jesucristo y el alma que ha sido lavada por ella! «¡Toda la gloria y la alabanza para el Cordero que fue inmolado, que nos limpió de toda mancha y llevó nuestros pecados!» ¡Jesús! ¡Aleluya!

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