Jesús ya no está en la cruz!

¡No recordemos solamente la muerte de la cruz; no tengamos siempre presente la imagen de Cristo en la cruz, ni el sufrimiento, la muerte y el temor que a veces ésta inspira! ¡Nuestro Jesús no está crucificado, Él ya dejó la cruz! ¡Nuestra cruz está vacía! «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?» (1Cor.15:55) ¡Nuestro Cristo no está en el sepulcro! ¡Nuestro Jesús está vivo y vive en nuestros corazones! ¡Aleluya!
«¡De la tumba resucitó triunfante sobre Su agresor! ¡Triunfó sobre las tinieblas de maldad y por siempre con Sus santos reinará! ¡Revivió! ¡Revivió! ¡Aleluya! ¡Revivió!» ¡Resucitó victorioso, con alegría y libertad, para nunca más morir, de manera que pudiera redimirnos también a nosotros y evitar nuestro paso por la muerte!
¡Qué gran alegría debe de haber sido la de aquel día, cuando Jesús resucitó y comprendió que todo había terminado! ¡Había triunfado, el mundo estaba salvado! ¡Había cumplido su misión! ¡Había sufrido los horrores del infierno en nuestro lugar; la muerte, el dolor, todo eso, pero ya todo había terminado! «¡Vive! ¡Vive! ¡Jesús vive hoy! ¡Me habla y me acompaña por la senda de la vida! ¡Vive! ¡Vive! ¡Para dar salvación! ¿Quieres saber cómo lo sé? ¡Vive en mi corazón!»

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