¡Tú haz lo que puedas, y Dios hará lo demás!

 

Dios espera que hagamos todo lo que podamos, ¡para luego hacer El lo que no podamos nosotros! Cuando Jesús acudió a resucitar a Lázaro, dijo a la gente: ¡«Quitad la piedra»! (Jn.11:39) De quererlo así, podría haber hecho que Lázaro atravesara la piedra caminando; ¿para qué, pues, quitarla? Sacar la piedra de la entrada era algo que la gente sí podía hacer. No podían resucitarlo, ¡pero sí podían quitar la piedra!

 

¡Dios no siempre hará por ti algo que tú mismo puedas hacer! Le dijo a Moisés: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?» (Exo.4:2) Por lo general, El deja que tú hagas lo que puedas, y hace luego lo que no puedas. Jesús dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mat.7:7,8). Si no te pones a buscar, nada encontrarás. Quizá haya nueve puertas cerradas y una sola abierta. ¿Qué debes hacer en ese caso? ¿Quedarte de brazos cruzados y decir: «Señor, revélame cuál es»? ¡Claro que no! Dios espera que acompañemos de acción nuestras oraciones, ¡que nos pongamos en movimiento y busquemos también un poco!

 

Si haces todo lo posible por complacer y obedecer al Señor, El hará prácticamente cualquier cosa por ti, ¡entre ellas las más asombrosas que puedas imaginarte! ¡Ayúdanos pues, Señor, a hacer nuestra parte y obedecer! Así sabremos que Tú harás lo demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

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