¡No seamos tan farisaicos!

 

¡Si eres tan santurrón, hipócrita y farisaico que te crees mejor que otro porque ha pecado contra ti, y «como tú nunca cometes pecados», no vas a perdonarlo, eres en realidad un pecador de la peor clase! Y si eres tan santurrón que te crees mejor que los demás y los miras con superioridad, como el fariseo que decía: «Dios, te doy gracias porque no soy como este hombre» (Luc.18:9-14), ¡entonces esa actitud mojigata y farisaica es en sí misma un pecado peor! ¡De hecho, la santurronería es uno de los peores pecados!

 

Debemos manifestar hacia los demás una actitud amable, afectuosa, compasiva y tolerante. ¡Debemos tratar de mostrar la misma misericordia que deseamos recibir nosotros, y cuando alguien comete un error, tratarlo tal como queremos que el Señor nos trate a nosotros ante nuestras equivocaciones! Tenemos que perdonar a los que nos han agraviado, y buscar el perdón de aquellos con quienes hemos actuado mal, tomándolos de la mano para llevarlos nuevamente a nuestro círculo de amor, fraternidad y alegre trabajo en común.

 

Señor, ayúdanos a todos a ser más humildes, cariñosos, bondadosos, tolerantes y misericordiosos unos con otros, y a pronunciar esta oración con sinceridad: «Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.» (Luc.11:4)

 

 

 

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