¡El propósito de nuestra vida es mostrarle amor al mundo!

El mundo ya está demasiado familiarizado con el infierno. ¡Démosle a conocer un poco de cielo! Eso es, exactamente, lo que procuramos hacer: ¡sacar a la gente del hoyo del materialismo, el pecado y las tinieblas del Diablo, para llevarla a la luz y el amor gloriosos de la salvación en Dios y a la maravillosa fraternidad del Reino de Dios! Cada uno de nosotros puede llevar a cabo una tarea realmente buena en este pobre, triste y afligido mundo nuestro ayudando a los demás a encontrar dicha y felicidad, salvación, a Jesús, ¡y una razón para vivir!
Pero quizás te sientas desanimado y creas que tú no puedes hacer nada por mejorar las cosas, que ni siquiera vale la pena intentarlo. Sin embargo, hay algo que nadie puede evitar: ejercer influencia sobre los demás. Pues «ninguno vive para sí, y ninguno muere para sí» (Rom.14: 7). Es imposible que tu vida no afecte a los demás. Y la verdad es que aunque se demuestre apenas un poquito de amor sincero a los demás, éste tiene un efecto muy, muy grande, pues si la gente llega a creer que tú la amas, le será posible creer que Dios también la ama.
Gracias, Señor, por bendecirnos tan abundantemente, en especial, por la posibilidad de servirte. ¡Haz que cada uno de nosotros sea un buen testimonio y un testigo ante los demás, Señor, para hacerles ver Tu amor y poner Tu Palabra a su alcance!

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