Después de pedirle algo a Dios, actúa en consecuencia. Traduce tu fe en hechos. Acompaña tus oraciones con acciones, dando pasos que te acerquen a tu meta.

Cuando yo oficiaba de pastora en una iglesia de Oklahoma (EE. UU.), había una chica llamada Etta que deseaba ardientemente cursar estudios superiores y prepararse para servir al Señor. Había estado dos años orando para conseguir el dinero de la matrícula. La situación parecía imposible.

Vino a mí llorando, muy desanimada. Le pregunté si estaba convencida de que era la voluntad de Dios que se fuese a estudiar, y me contestó que estaba completamente segura.

—Yo desde luego no dejaría pasar más tiempo —le dije—. Llevas dos años pidiéndole el dinero al Señor, pero nunca has demostrado con tus acciones que das por seguro que Él te lo va a proporcionar. Si de verdad creyeses que Él va a responder tus oraciones y darte el dinero que te hace falta, ¿qué harías?

—Juntaría mi ropa, escribiría a la facultad para informarles que voy y haría los demás preparativos para marcharme —contestó Etta.

—Pues eso es ni más ni menos lo que haría yo en tu lugar. Aférrate firmemente a Sus promesas y prepárate, haz todo lo que puedas, como si ya tuvieras el dinero en mano. Si alguien de tu confianza te prometiera el dinero, tú le creerías. Pues resulta que Dios mismo te ha prometido en Su Palabra, en el Salmo 37:4, concederte las peticiones de tu corazón. ¿Le crees?

—¡Sí, claro! Y voy a demostrarlo. Voy a ir a casa a hacer el equipaje y preparar mis cosas. Las clases comienzan dentro de poco. Tengo que darme prisa.

A partir de aquel momento, Etta no volvió a vacilar. Se concentró en los preparativos, convencida de que el Banco del Cielo abriría sus ventanillas en el momento oportuno.

Apenas un día antes de la fecha prevista para su partida, me llamó para decirme que ya tenía preparada la ropa y demás, pero no tenía maleta. Por teléfono invocamos la promesa de la Escritura que dice: «Dios […] suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria»1.

Como una hora más tarde, una amiga me llamó para decirme que estaba limpiando la casa y había juntado varias cosas que ya no le servían y de las que quería deshacerse, entre ellas una maleta grande. Se le había ocurrido que a lo mejor a mí me vendría bien.

Me reí y le dije que estaba atendiendo un pedido del Cielo, pero se había equivocado de dirección. El Señor quería que enviara la maleta a casa de Etta.

La noche siguiente fuimos varios a la estación de tren a despedirnos de Etta.

—Todavía no tengo la plata. Por eso no he podido comprar mi boleto —me dijo al oído—; pero estoy de lo más tranquila, porque sé que el Señor ha oído mi oración y que tengo lo que le he pedido2.

Me puse a pensar que algo había fallado. Unos amigos me habían contado que habían hecho una colecta para ayudar a Etta, pero yo no sabía por qué ella no había recibido el dinero.

En ese preciso instante se oyó el silbido del tren y se vio a lo lejos la luz del faro de la locomotora. El tiempo se acababa. ¿Qué podía decirle?

De pronto llegó corriendo uno de los que habían organizado la colecta.

—Estaba trabajando en mi oficina cuando me acordé del dinero que me habían dado para Etta —explicó—. Y traigo un poco más, obsequio de mi esposa y mío.

—Y aquí hay otro poco —dijo otro amigo que acababa de llegar a despedirla.

—¡Viajeros, al tren! ¡Viajeros, al tren! —gritó en ese momento el revisor.

—Viajeros al tren de las promesas de Dios —le dije a Etta—. Dio resultado, ¿no?

—Es maravilloso —contestó ella—, es impresionante lo que puede lograr la fe.

* * *

Que [el Señor] te conceda lo que tu corazón desea; que haga que se cumplan todos tus planes. Salmo 20:4 (NVI)

Por encima de todo, sepan esto: Estén preparados en todo momento para los dones de Dios y estén siempre listos para los nuevos. Pues Dios está mil veces más presto para dar que nosotros para recibir. Maestro Eckhart

Dios nunca llama a Su pueblo a hacer nada sin prometerle que proveerá para todas sus necesidades. Charles Swindoll (n. 1934)

A Dios no hay nada que le fascine más que cumplir promesas, responder oraciones, obrar milagros y realizar sueños. Así es Él. Eso es lo que hace. Y cuánto más amplio sea el círculo [de oración] que tracemos, mejor, porque así Dios obtiene mayor gloria. Mark Batterson

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