Hace poco hice una búsqueda para ver cuántas veces aparece en la Biblia la palabra hermoso hermosa.

Descubrí que el Antiguo Testamento está lleno de bellas mujeres. Sara era hermosa1. Rebeca era muy hermosa2. Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer3. No había en el mundo mujeres tan bonitas como las hijas de Job4. Y hay muchas más. Creo que mi preferida, sin embargo, es Abigail. Abigail era hermosa e inteligente5. ¿Qué más podría desear una mujer que dijeran de ella?

Llegué a la conclusión de que en la antigua cultura bíblica —que valoraba más que la actual las cualidades espirituales— lo bueno, lo puro y lo divino también era considerado hermoso. Así, las mujeres devotas eran estimadas hermosas tanto por Dios como por los hombres. La belleza no tenía que ver solamente con el cascarón físico, las proporciones, medidas y curvas.

En todo caso, lo que a fin de cuentas captó más mi atención en cuanto a este tema fue un breve pasaje del Evangelio de Marcos6.

Marcos 14:3: «En Betania, mientras estaba [Jesús] sentado a la mesa en casa de Simón llamado el leproso, llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy costoso, hecho de nardo puro. Rompió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús».

Yo había leído este relato anteriormente, pero nunca había reparado en el hecho de que la mujer rompió el frasco. Puesto que el perfume era muy costoso, se da por entendido que el frasco de alabastro que lo contenía también debía de ser muy fino. Aun así, ella lo rompió, quizá para demostrar la mucha estima que le tenía a Jesús. Por Él estaba dispuesta a darlo todo, lo mejor, lo más hermoso y lo más costoso que poseía, sin retener nada.

Marcos 14:4: «Algunos de los presentes comentaban indignados: “¿Para qué este desperdicio de perfume?”»

Es muy fácil dejarse llevar por las apariencias. A veces cuesta discernir los motivos profundos que puede tener una persona, sobre todo cuando exhibe una conducta fuera de lo común.

Marcos 14:5: «“Podía haberse vendido por muchísimo dinero para darlo a los pobres”. Y la reprendían con severidad».

Marcos 14:6: «“Déjenla en paz —dijo Jesús—. ¿Por qué la molestan? Ella ha hecho una obra hermosa conmigo”».

La palabra hermosura viene definida como «lo agradable de algo que recrea por su amenidad u otra causa; conjunto de cualidades que hacen a una cosa excelente en su línea»7. Jesús auscultó el corazón de aquella mujer y proclamó que, a juicio de Él, las acciones de ella eran excelentes, a pesar de que ella manifestó  su fe o sus creencias religiosas de una forma que no coincidía con lo que se consideraba correcto, razonable, habitual o normal. En ese pasaje  también se advierte la convicción con que Jesús salió en defensa de una persona incomprendida, a la que se había juzgado injustamente y con dureza.

Marcos 14:7: «“A los pobres siempre los tendrán con ustedes, y podrán ayudarlos cuando quieran; pero a Mí no me van a tener siempre”».

Las privaciones y necesidades son pan de cada día en el mundo; en cambio, las oportunidades de expresar amor a los seres que más significan para nosotros son limitadas.

Marcos 14:8: «“Ella hizo lo que pudo. Ungió Mi cuerpo de antemano, preparándolo para la sepultura”».

Lo poco que ella pudo hacer significó mucho para Jesús, el objeto de su amor y su fe.

Marcos 14:9: «“Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique el evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo”».

Esa mujer creyó en Cristo y actuó movida por su fe. Empleó lo que tenía, hizo lo que pudo con originalidad e ingenio, y no tuvo miedo de expresar sus sentimientos. Eso es ser genuino y auténtico en todo el sentido de esas palabras. Ese acto la hizo famosa y nos dejó una magnífica imagen de lo que Dios considera hermoso.

Hay incontables maneras de servir a Dios y de expresarle nuestro amor y adoración. Cuando la inspiración nos brota del alma y nos comportamos con espontaneidad, nuestras acciones, como las de aquella mujer, dejan un legado que facilita el que  otras personas accedan a las bellezas de Dios y Su Espíritu.

* * *

Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.  Jorge Luis Borges (1899–1986)

Una de las principales reglas de la religión es no desperdiciar oportunidad alguna de servir a Dios. Puesto que Él es Espíritu —invisible para nosotros—, debemos servirlo en el prójimo, servicio que Él acepta como si se lo hiciéramos a Él en persona, como si Él estuviera visiblemente delante de nosotros.

John Wesley (1703–1791)

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1. V. Génesis 12:11
2. V. Génesis 24:16
3. V. Génesis 29:17
4. V. Job 42:15
5. V. 1 Samuel 25:3
6. (NVI)
7. Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española)

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