¡Dios hace girar los engranajes de Su universo sobre cositas muy pequeñas!

¡Los detallitos son muy importantes; no hay más que ver lo que produjo una decisión equivocada en el Huerto del Edén; un solo barquito en medio de un diluvio mundial; una torrecilla de Babel! Una piedrecita derrivó a un gigante; un simple pesebre transformó el destino de la humanidad; un pequeño arreglo económico tuvo como consecuencia la muerte del Salvador, ¡para que una fe minúscula como una semilla de mostaza pudiera mover montañas! (Gén.3;7;11; 1Sam.17; Luc.2:7; Mat.26:14-16; 17:20)
Así pues, las cosas pequeñas son muy importantes. Y aunque ciertas cosas puedan parecernos insignificantes, ¡puede que para el Señor tengan mucha importancia! ¡Y es posible que Dios nos haga dar cuenta de ellas! ¡Muchas cosas que a nosotros pueden parecernos intrascendentes, no son tan insignificantes a los ojos de Dios!
Como en el caso de una conocida anécdota inglesa: «Por falta de un clavo, se perdió una herradura. Por falta de una herradura, se perdió un caballo. Por falta de un caballo, se perdió un rey. Y por falta de un rey, ¡se perdió un reino!» ¡Todo a causa de un insignificante clavito! ¡Así de importantes son los detallitos! Por eso dicen las Escrituras: «El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel» (Luc.16:10). ¡Presta atención, pues, a «los detallitos»! ¡No los menosprecies nunca!

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